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Programa de Formación en Valores 2017
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Programa de Formación en Valores 2017
Fundamentos

FUNDAMENTOS

 

El principal objetivo del Programa de Formación en Valores en los países del MERCOSUR y de la UNASUR es la formación integral de ciudadanos y ciudadanas. Dicho proceso es fundamental en el marco de la crisis de valores que afecta a los países de nuestra región en general y a nuestro país en particular. 

La práctica activa, responsable, creativa y autónoma de la ciudadanía es central para construir sociedades sin exclusiones, donde el ejercicio de la misma signifique ser  titular efectivo y pleno de derechos y responsabilidades que expresen la democracia.  Entendemos que, si bien la formación de los ciudadanos comprende un largo proceso que transcurre durante toda la vida, tal objetivo debe estimularse muy especialmente en la niñez y la adolescencia, etapas en las cuales los sujetos construyen su personalidad, estructuran su pensamiento y forman su subjetividad.

La formación de los niños y jóvenes se desarrolla en distintos espacios sociales, en relación con otros sujetos -pares y adultos del medio familiar, social y comunitario-. Y dentro de estos ámbitos, la familia y la escuela detentan un papel privilegiado en su educación y formación. En función de lo anterior, el Programa de Formación en Valores toma como centro de implementación el espacio del aula, en el cual los alumnos adquieren y construyen conocimientos socialmente válidos, en relación con sus pares y docentes.

Desde sus inicios la educación tuvo un claro rol como espacio de construcción de ciudadanía. Actualmente también lo tiene, y lo ejerce a través de dos estrategias fundamentales, que son complementarias y ambas igualmente necesarias.

La primera, y la más asumida históricamente por la escuela, es la que la ubica como transmisora de conocimientos, habilidades y valores con los que los niños y jóvenes que transitan el sistema escolar se construyen como sujetos concientes de derechos y obligaciones ciudadanas, con una identidad nacional fuerte. La escuela en este aspecto hace su aporte en la construcción de sujetos con “sentido de pertenencia” a la Nación Argentina. La educación pública conforma, entonces, un espacio de transmisión de la cultura y de producción de identidades.

La segunda estrategia, relativamente novedosa para el sistema educativo, es aquella en que la escuela se trasforma en un espacio participativo y democrático. Creemos que éste es el mayor desafío, y estamos convencidos de que el camino es apostar a construir un sujeto alumno activo que  -a través de la relación con el educador y con sus pares- construya conocimiento. Es importante valorar al alumno como portador de un saber propio, de un bagaje de conocimientos y habilidades anteriores al encuentro con el docente en el aula, que ha construido a lo largo de su historia personal, no sólo en su paso por el sistema educativo sino también en sus relaciones cotidianas.

Es decir que el niño encuentra en la escuela un lugar donde adquiere conocimientos y, a la vez, pone en juego y socializa sus saberes previos. Ella funciona como un ámbito de igualdad y libertad, de participación, de respeto por el otro y, en definitiva, como un espacio en el que la ciudadanía se construye y se ejerce en cada momento. Para ello es fundamental abrir el espacio escolar al pensamiento crítico y al diálogo simétrico.

No desconocemos que la función del docente se encuentra condicionada por múltiples demandas y diversos atravesamientos “paradojales” que el maestro tiene que soportar. Algunos pensadores, pedagogos, analistas y sociólogos lo han definido como “malestar docente”, en palabras de Anny Cordié[1], “desprofesionalización” de acuerdo a Gimeno Sacristán[2] y “miseria de la posición” siguiendo a Bourdié[3]. Estos y otros tantos conceptos remiten a la complejidad de una profesión enmarcada por aspectos culturales, históricos, sindicales, laborales, institucionales, curriculares, socio-afectivos, imaginarios e ideológicos, entre otros. 

Los educadores son un pilar necesario de este Programa. Partimos de reconocer la complejidad de su posición y resignificamos su tarea como mediadores del proceso de educación y aprendizaje en torno a cada temática.

Los educadores intercederán en las posibilidades del niño al encontrarse con cada nuevo objeto de conocimiento: construirán diversas situaciones didácticas, tomarán decisiones anticipadas sobre cómo encarar el proceso de enseñanza según la singularidad propia de cada uno de sus alumnos y, de acuerdo a la idiosincrasia de sus contextos institucionales constitutivos y de pertenencia, “subjetivando” con esto el proceso de enseñanza.

El Programa tiene la intención de promover la construcción de propuestas didácticas centradas en la producción creativa de los alumnos[4], que escapen a la generación de escritos basados en la copia y la repetición. En contraposición a esto, se alentarán aquellas que sean generadoras de la reflexión crítica y el pensamiento autónomo, factibles de ser trasladadas en acciones concretas a la comunidad de pertenencia. 

Con ello se habilitará un posible camino para vincular a cada uno de los niños y adolescentes participantes con temáticas significativas para su formación integral y para su futuro ejercicio como ciudadanos. Del mismo modo, se procurará generar espacios constructivos que, al interior de cada comunidad educativa, inviten a la creación de proyectos educativos innovadores en torno a la temática anual.

 

 

 

 


[1] Analista francesa.

[2] Pedagogo español.

[3] Sociólogo francés.

[4] Concepción de propuesta didáctica centrada en la producción del niño desarrollada por la cientista de la educación argentina, Lic. Norma Filidoro, en su libro: Filidoro, Norma.  “Psicopedagogía: conceptos y problemas”. Buenos Aires: 2002.